Grevillea juniperina, resistente y hermosa
Después de algunos años con sequías veraniegas muy pronunciadas aunque no propias de esta zona, comenzamos a tomarnos en serio el cambio climático y a adaptar el jardín a las nuevas condiciones pues ante todo (y más bien por pura necesidad), ha de ser un jardín de fácil mantenimiento ya que los huesitos no están para muchos trotes.
Pero las cosas no son tan fáciles como nos iban pareciendo.
Comenzamos a sustituir muchas de las plantas que requerían bastante humedad y frescura por otras más amigas del sol y la escasez de agua y en principio la cosa iba bien.
Este año sin embargo, hemos sufrido periodos intercalados de mucha lluvia y temperaturas bajas y otros de sequía y temperaturas superiores a los 30ºC.
Las pobres plantas no saben a qué atenerse. Tan pronto sufren estrés por encharcamiento como por exceso de calor y sequedad. Y así es como tenemos manzanos que florecen en enero, agapantos a los que se les pudren las raíces u otras plantas que pierden sus hojas en mayo. Una pura locura.
Bueno pues aquí llega la grevillea, venida justamente del otro lado del mundo a darnos algunas alegrías.
La grevillea es un arbusto de hoja perenne cuya resistencia a las inclemencias y cambios parece quedar corroborada después de permanecer con nosotros estos tres últimos años y lucir cada día más hermosa.
Es de tamaño medio, ramas erectas y forma globulosa.
Sus hojas son lineares, de un color verde intenso y ápice agudo, similares a las de las coníferas.
Sus flores, de un rojo vivo, son en realidad, inflorescencias formadas por muchas florecitas diminutas.
Lo mejor de este arbusto, aparte de su resistencia, es lo extenso de su floración que se disfruta a lo largo de todo el invierno y la primavera o incluso, si las condiciones son favorables, también en verano.
Queda preciosa como ejemplar aislado pero también formando parte de una rocalla.
Qué le gusta y qué no le gusta
El sol directo.
Un suelo neutro o ligeramente ácido.
Un buen drenaje.
No necesita abonos.
Tolera vientos moderados.
Tolera heladas ligeras.
Puede cultivarse en maceta.
No necesita poda aunque yo sí soy partidaria de hacerle una poda ligera de formación para que se ramifique cortándole a las varas un tercio de su longitud.
No debe situarse justo al lado de habitaciones o terrazas ya que es una planta melífera que atrae a las abejas y otros insectos.
En cuanto a la reproducción, he intentado hacerlo mediante esqueje pero no he tenido éxito. Lo intentaré con semillas y más adelante diré como me fue.



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