Alhelí, flor de mi infancia


El Páramo Leonés es una comarca agrícola-ganadera al sur de la provincia de León, hoy día próspera y casi verde gracias a las aguas del canal que la recorre.
Cuando yo era muy pequeña y el canal aún no llegaba al pueblecito paramés en el que vivía, el agua era un bien muy preciado y muy escaso del que solo disponían con moderada abundancia los afortunados que tenían un pozo en el corral.

Las mujeres tenían que recorrer un buen trecho con una cuesta incluida para ir a la fuente y llevar a casa unos calderos de agua.
Con aquel agua cocinaban y se lavaban en invierno (para el verano estaba el reguero si no venía seco o el río algo más lejos a donde iban a lavar la ropa durante todo el año)

Imaginaos lo que suponía tener en aquellas condiciones un par de tiestos con flores en el patio.

Bien, pues rara era la casa donde no había ese par de tiestos que prestaban su toque de color a las austeras paredes de tierra apisonada o de adobes de barro típicas de la zona.


Se aprovechaba para regarlos el agua usada para otros menesteres (lavarse la cara o las manos, o lavar unas patatas para la cena)

Eran plantas muy sufridas que a pesar de eso, resistían malamente las fuertes heladas invernales si no se protegían bajo la portalina o el portal.

¿Adivináis de qué flores estoy hablando? Sí de los humildes alhelíes.

El alhelí amarillo (Cheiranthus cheiri) que resiste mejor las heladas, muy rústico y de fácil cultivo, era el mas frecuente.


El alhelí cuarenteno (Matthiola incana), apreciado por su prolífica floración y sus colores, también se cultivaba pese a ser menos resistente a las heladas.


Este alhelí, también rústico y de cultivo fácil, es una planta bienal: un año la siembras, nace y crece y al año siguiente produce las flores y generalmente muere.

Si las condiciones climáticas son buenas y se le practica una poda después de la floración, puede vivir mas años y volver a florecer durante más tiempo.
Así ocurre con los nuestros que tienen ya unos años, gracias a encontrarse ubicados en un clima mas benigno que el del pueblo de mi infancia.

Los hay de flor sencilla


y de flor doble.


Se multiplican mediante semillas que pueden sembrarse en primavera o en otoño. Si lo hacemos en otoño, pueden llegar a florecer en la primavera siguiente.

Les gusta el pleno sol. Por algo vivían felices allí en El Páramo, donde el sol no falta incluso en invierno.

Resisten cualquier suelo ya sea calcáreo o pedregoso y el riego puede ser mínimo. Solo necesita ser regular en la época de floración.

La poda de la que hablaba antes consiste en recortar los tallos, una vez marchitas las flores, por encima del primer brotecillo verde, rebajándolos así el máximo posible y evitando que desarrollen un tallo leñoso y desnudo poco atractivo.

Yo les tengo una querencia especial por los recuerdos gratos que me traen y siempre tengo y tendré algún ejemplar en el jardín.

Comentarios

  1. Son preciosas estas flores, me gustan mucho y supongo que más para tí porque te traen buenos recuerdos.
    Muchos besos!

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    1. Si Montse, son sencillas, resistentes, me encantan. Muchas gracias.

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  2. En Murcia era una flor muy típica de la huerta, su fragancia y su fácil cultivo lo hacían que fuese una de las plantas preferidas de la primavera. Me llama la atención que se diera en climas tan distintos como el de León y el de Murcia.

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    1. Hola: bueno, seguro que en Murcia se daba mucho mas fácilmente y sin necesidad de protegerlo en invierno. Yo ahora vivo en Cantabria que también tiene un clima muy diferente y se da perfectamente sin protección, incluso se comporta como perenne si tal como explico, se le aplica una buena poda. Saludos y gracias por el comentario.

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