Westringia fruticosa, ideal para jardines de fácil mantenimiento.


Hoy quería hablar de un arbusto fantástico: el romerino o romero australiano (Westringia fruticosa).

Ya he contado que últimamente estamos remodelando el jardín para eliminar todo aquello que nos suponga exceso de trabajo y quedándonos con lo que resulte sencillo, bonito y de fácil mantenimiento.


Bien, pues entre las plantas elegidas para quedarse se encuentra la westringia que es un arbusto de hoja perenne, de la familia de las Labiadas.

No es una planta espectacular pero si bonita y cumple a la perfección con todos los requisitos para quedarse a vivir en un jardín de fácil mantenimiento:
  • Tiene un crecimiento relativamente lento, desarrollando de forma natural un porte redondeado y compacto. Con el tiempo puede llegar a alcanzar el metro y medio de altura por lo que arreglarla y podarla si fuera necesario, no supone un problema.
  • En este clima nuestro, florece a lo largo de todo el año. En otros menos suaves, lo hace desde la primavera al otoño.
  • Se adapta a cualquier suelo siempre que drene bien y no se encharque. 
  • No requiere apenas riego, solo en épocas de fuerte sequía. 
  • No coge enfermedades, resiste heladas si son ligeras (no por debajo de -7ªC), las sequías, el ambiente salino del mar y las embestidas del viento, que aquí son brutales.
  •  No da ningún tipo de trabajo mas que el de plantarla. 
  • Tampoco requiere abonos periódicos aunque puede añadírsele una vez al año un abono NPK. Si queremos que tenga un crecimiento más rápido, entonces la abonaremos con más frecuencia.
  • Podemos cultivarla en el suelo o en maceta, en medio del césped o formando parte de un conjunto.
Debido a sus tonos suaves y a su forma globosa, destaca con elegancia entre otras plantas verdes.


Tiene hojas estrechas, de forma linear o linear-lanceolada, con el borde liso, muy pequeñas, de consistencia algo coriácea y de color verde algo azulado que surgen en verticilos de 4 alrededor de los tallos.


Sus flores se asemejan a las del romero; no en vano pertenecen a la misma familia. Son blancas pero también existen híbridos con una ligera coloración azulada o rosada.


Tienen la corola en forma de tubo que acaba en dos labios (de ahí el nombre de Labiadas) . El labio superior tiene dos lóbulos y el inferior tres y presenta unas motitas de color rojo o naranja.


La reproducción resulta muy fácil mediante esqueje en primavera o estaca en otoño.

Se cortan tres esquejes o trocitos de rama por debajo de un nudo, se les eliminan las hojitas inferiores y se clavan en una mezcla de tierra de cultivo y arena i turba. Se aprietan para que la tierra se pegue a los esquejes y se riegan abundantemente.



En esta foto, aunque malamente, puede observarse como nacen los nuevos brotecitos, todavía diminutos.

A la hora de plantarla, si es sobre el propio suelo, excavaremos un hoyo y mezclaremos con la tierra abono orgánico.

Si necesitamos podarla, lo haremos cuando no esté en plena floración. Aunque apenas requiere poda, la resiste sin problemas.

En resumen: un lugar soleado en el exterior,  un terreno bien drenado y un clima templado es todo lo que pide una westringia para lucir hermosa.

Mirad como está ya de bonita una de las que nacieron de los esquejes que se ven en la fotografía.




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